Me hace pequeñas bromas. Me mordisquea las orejas y me besuquea; a mí me gusta su fiereza. Me empuja al sofá, pero consigo zafarme. Soy consciente de su deseo. Me gusta su boca y la fuerza experta de sus brazos, pero su deseo me espanta, me repele. Creo que es porque no lo amo. Me ha excitado pero no lo amo, no lo deseo. En cuanto me doy cuenta de esto (su deseo apunta hacia mí y es como una espada entre nosotros), me libero y me marcho sin herirle en parte alguna.
Creo, bueno, que yo no buscaba más que el placer sin sentimiento. Mas algo me retiene. Hay algo en mí intocado, inalterado, que me gobierna. Será preciso hacer que se mueva si he de moverme plenamente. Voy pensando en esto en el Metro y me pierdo.

Anaïs Nin, Henry y June

7 comentarios:

María Mercromina dijo...

Cómo me suena

meri dijo...

:) ya te sigo!

. dijo...

gracias por? xD

J. dijo...

Oye, qué bien QUÉ BIEN me parece esto, me acabo de empezar (uno de) los diarios de la Nin.

Ana Kirkpatrick dijo...

!!!

Carcar dijo...

Grande

PSYCOMORO dijo...

Todos nos perdemos cuadno razonamos el deseo; supongo que es tan inevitable como ilógico. Entrada necesaria para una obra imprescindible.

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