Hacía el inventario a menudo de todos los productos, y entre balance y balance se suicidó. Dejó su vieja cáscara putrefacta en la calle y se reinventó. Es divertido reinventarse, y volver a inventar, y luego reinvertir. En el bolsillo llevaba tres botones y en la cabeza un millón de ideas.
Era domingo y le gustaban muchísimo las medias de rejilla.






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